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martes, 6 de mayo de 2014
Cuando lo encuentras
Cuando lo encuentras nada vuelve a ser lo era porque empieza a ser mucho mejor. No sé si entiendes lo que digo, se borra lo que no estaba escrito, descubres que todos tus olores y sabores favoritos pueden concentrarse en un mismo punto, y eso es un millón de veces superior a lo que jamás llegaste a imaginar.
Es maravilloso saber que por fin has dado con lo que nunca buscaste y saber que hay quien va a frenarte cuando no veas un muro y quien va a ser un muro cuando necesites sostenerte.
Hasta entonces, lo perfecto existía en los sueños o en las pelis americanas pero cuando lo encuentras el sueño es sustituido por una vigilia onírica que te hace creer en el día impar que fuimos hasta hoy y que seremos mañana, y en las sábanas empapadas de besos y sudor compartido.
Llevo varios meses sin pasar por aquí porque lo he encontrado. Y es que cuando lo encuentras, la necesidad de escribir sobre el pasado da paso a querer escribir sobre el futuro en plural. Pero suele resultar de lo más hiperglucémico y no quiero lanzar demasiados terrones de azúcar a la pantalla.
lunes, 31 de diciembre de 2012
¡Bye bye 2012!
Si echo la vista atrás puedo ver un saco lleno de días malos, de estaciones y hospitales, decepciones y momentos de ansiedad. Pero también puedo ver los rostros de quienes me acompañaron durante aquellos días, me recogieron en las estaciones y me abrazaron en las salas de espera.
Si cierro los ojos puedo verte, si los abro también, y eso es más de lo que pude imaginar.
Gracias a todos los que hicieron de este año algo especial.
Que el 2013 llegue vacío propósitos y lleno de esperanza.
Si cierro los ojos puedo verte, si los abro también, y eso es más de lo que pude imaginar.
Gracias a todos los que hicieron de este año algo especial.
Que el 2013 llegue vacío propósitos y lleno de esperanza.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Cuenta a cero
Ahora que la niebla se ha ido y empieza a clarear, ahora que llega a su fin un año bien cargadito de mierda es cuando comienzo a entender que lo único a lo que me he dedicado estos últimos meses ha sido a ocupar mi cabeza con causas ajenas para no tener que resolver las propias.
No volveré a dar la cara por quien me ofrece la espalda. Descubrir que eres de cobre, frágil y maleable, para quien consideraste oro es duro, pero más duro es intentar alcanzar a nado a quien se deja arrastrar por la corriente.
Si bien es cierto que ha sido un año difícil, me ha servido para aprender algunas cosas. La soledad es el tiempo que transcurre mientras esperas una buena noticia, una bala de oxígeno en la oscuridad o un abrazo en una sala de espera; la paciencia es más extensa de lo que creía pero su fin desata tempestades endureciendo palabras que, de otro modo, habrían sido cercanas o amables. También tú deberías aprender que la amabilidad sin retorno se convierte en ira.
He aprendido que tomar el riesgo de atravesar el puente que nos separaba es una de las mejores cosas que he podido hacer, gracias por demostrarme que las noches también pueden medirse en besos.
Por eso he decidido poner el contador a cero antes del uno de enero, pues ahora me atrevo a mirar a los ojos de la verdad. Puede que la vida siga demostrándome que puede ser tan bella como hija de puta pero ya no me da tanto miedo, ahora soy mucho más capaz de verter los desdenes y los malos gestos al pozo de la rabia injustificada y aprecio un poco más el valor de quien no tiene precio.
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jueves, 13 de diciembre de 2012
Warning sign
Me gustaría hablar de altruismo pero la ficción nunca fue mi fuerte, hace ya tiempo que los actos desinteresados se encuentran en peligro de extinción. Nada nuevo, exceptuando que yo me he dado cuenta de ello esta semana. De sobra es sabido que el hedonismo se ha hecho con la hegemonía de cada muestra de gratuidad que pudiera quedar esparcida entre los dedos de alguna de las personas que nos rodean.
Escribo esto desde la rabia de haber concluido que no hay nadie que no viva desde el egoísmo, el mero hecho de pensar que tal vez yo esté viviendo de esa manera me repugna. La impotencia de no poder escribir sobre el altruismo porque no exista y a mí nunca me haya gustado la ficción me desvela cada noche y me aleja, cada día, un poco más de ti.
Escribo esto desde la rabia de haber concluido que no hay nadie que no viva desde el egoísmo, el mero hecho de pensar que tal vez yo esté viviendo de esa manera me repugna. La impotencia de no poder escribir sobre el altruismo porque no exista y a mí nunca me haya gustado la ficción me desvela cada noche y me aleja, cada día, un poco más de ti.
sábado, 8 de diciembre de 2012
viernes, 7 de diciembre de 2012
Diciembre
Quise ralentizar el tiempo y conseguí pararlo, quise volar un rato y mi cabeza terminó chocando contra el suelo. Por estúpido que pueda parecer, tan sólo quise soñar que las cosas que están pasando dejaban de pasar, volver dos años atrás, tragarme las ideas que no me atrevo a compartir con nadie y enterrar la sensación de que nada de lo que hago merece realmente la pena. Pensé que sería capaz de olvidarme, por un rato, de que hay algo dentro de mí que no me deja llevar una vida tranquila y acabé lloriqueando entre comentarios sin sentido.
Me gusta más el verbo compartir que competir, tal vez por eso nunca he terminado de comprender el daño gratuito ni las malas intenciones, y verdaderamente pienso que cuatro palabras aparentemente ordenadas y sentidas jamás podrán sustituir a un buen abrazo.
Pero a quién quiero engañar, sólo intentaba olvidarme de ti sin darme cuenta de que la solución más eficaz sería ocuparme un poco más de mí.
Me gusta más el verbo compartir que competir, tal vez por eso nunca he terminado de comprender el daño gratuito ni las malas intenciones, y verdaderamente pienso que cuatro palabras aparentemente ordenadas y sentidas jamás podrán sustituir a un buen abrazo.
Pero a quién quiero engañar, sólo intentaba olvidarme de ti sin darme cuenta de que la solución más eficaz sería ocuparme un poco más de mí.
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jueves, 22 de noviembre de 2012
José González
Aquel día descubrimos a José González, versionaba "Teardrop" de Massive Attack y discutimos brevemente acerca de quién interpretaba aquella canción. Shazam nos sacó de dudas, a veces los avances tecnológicos sirven para algo más que para el desencuentro. Era José González.
Dos pacharanes y una cerveza. Risas y ganas de llorar. Palabras optimistas frente a la derrota. Te acercaste a la barra y pediste unos dardos al camarero. Me invitaste a jugar con la intención de entretenerme, pero esos dardos se convirtieron en piedras al tocar mis dedos y comencé a lanzarlos como si la diana fuera la culpable de la carencia de paz en el mundo o de cualquier otro mal, como si al romper alguna de aquellas plumas algo fuera a cambiar. Quise gritar pero no pude. Casi te gano.
Hacía frío, en Palencia siempre lo hace, y el mismo borracho de siempre cruzaba desde la barra hacia el baño sin miedo de ser alcanzado por alguno de nuestros proyectiles en esa noche de guerra; pero, para mí, fue el único momento de tranquilidad en todo el día. El único abrazo, la única sonrisa veraz, chicles sin azúcar cargados de alguna sustancia dulce que nos quitaban el hambre.
Tú no sabes que José González es mitad sueco y mitad argentino. Yo no lo he sabido hasta hoy. ¡Medio sueco! Qué irónica es la vida a veces, qué injusto para ti consolarme. No cabe el agradecimiento entre estas letras.
Esta mañana he estado escuchando canciones de ese hombre, aquel día nos reímos mucho de él, culpemos al pacharán. Suena realmente bien.
Nos vemos en Palencia, prometo lanzar los dardos con total normalidad.
Dos pacharanes y una cerveza. Risas y ganas de llorar. Palabras optimistas frente a la derrota. Te acercaste a la barra y pediste unos dardos al camarero. Me invitaste a jugar con la intención de entretenerme, pero esos dardos se convirtieron en piedras al tocar mis dedos y comencé a lanzarlos como si la diana fuera la culpable de la carencia de paz en el mundo o de cualquier otro mal, como si al romper alguna de aquellas plumas algo fuera a cambiar. Quise gritar pero no pude. Casi te gano.
Hacía frío, en Palencia siempre lo hace, y el mismo borracho de siempre cruzaba desde la barra hacia el baño sin miedo de ser alcanzado por alguno de nuestros proyectiles en esa noche de guerra; pero, para mí, fue el único momento de tranquilidad en todo el día. El único abrazo, la única sonrisa veraz, chicles sin azúcar cargados de alguna sustancia dulce que nos quitaban el hambre.
Tú no sabes que José González es mitad sueco y mitad argentino. Yo no lo he sabido hasta hoy. ¡Medio sueco! Qué irónica es la vida a veces, qué injusto para ti consolarme. No cabe el agradecimiento entre estas letras.
Esta mañana he estado escuchando canciones de ese hombre, aquel día nos reímos mucho de él, culpemos al pacharán. Suena realmente bien.
Nos vemos en Palencia, prometo lanzar los dardos con total normalidad.
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jueves, 8 de noviembre de 2012
November rain
El pañuelo no esconde su entereza, se lo ata en la cabeza para que no dejar escapar las buenas ideas. La falta de expresión en su mirada la suple con el doble de sonrisas que tú puedas esbozar en una sola tarde. De los abrazos me encargo yo, para demostrar ya vive ella. Para darle una patada en el culo al destino y saltar el muro que ese cabrón quiso colocar entre ella y la felicidad, se entrena cada día. Baja a dar unas cuantas vueltas corriendo a ese parque de arena que tan feo nos parece a él y a mí. Pero sube contenta y, entonces, ese parque ya no nos resulta tan vulgar.
Me ha enseñado que vivir no debe ser, en ningún caso, un proceso automático; que la energía no se termina con una mala noticia, que subir una montaña puede producir la misma sensación de felicidad que un buen orgasmo, que los mejores momentos no nos los marca el resto, los fabricamos nosotros, que dar suele saber mucho mejor que recibir y que la vida no siempre es justa con las personas buenas.
Me ha enseñado que vivir no debe ser, en ningún caso, un proceso automático; que la energía no se termina con una mala noticia, que subir una montaña puede producir la misma sensación de felicidad que un buen orgasmo, que los mejores momentos no nos los marca el resto, los fabricamos nosotros, que dar suele saber mucho mejor que recibir y que la vida no siempre es justa con las personas buenas.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Soledades
Tal vez sea aquella soledad temprana, que alimentó nuestra imaginación hace tiempo, nuestro punto de encuentro hoy.
Ya entonces sabía mirar detrás de tus ojos, era capaz de ver peces bucear en los océanos de tu niñez, de apreciar un matiz en las sonrisas que rara vez dibujabas, que no tenían los otros niños. Yo ya sabía que tu mundo interior era mucho más extenso que todo lo que nos rodeaba: cuadernos, lápices, pizarras, recreos, balones, peonzas y combas.
Una vez, te cogí la mano y te llevé a mi rincón favorito del patio. Intenté advertirte de lo que podría suceder cuando volviéramos a encontrarnos, pero ni tú supiste escucharme ni yo supe expresarlo. La cuestión es si ahora ya somos mayores, si ahora que he aprendido a expresarme, sabré explicarte lo que yo veía en ti cuando aún no habíamos rozado la pubertad, cuando las clases de inglés estaban patrocinadas por un pájaro que había dibujado nuestra profesora. Recuerdo que hicimos un concurso para ponerle nombre, tú ganaste. Falcon. Es posible que aún guarde el cuaderno donde está dibujado. En ningún momento me extrañó que se le diera el nombre que habías propuesto. Aquella noche se lo conté a mi madre, le dije que eras el niño más inteligente de la clase y que me gustaba el nombre.
Ahora que nos reencontramos es cuando me cuentas lo que ya sabía de ti y me hago la sorprendida. Ahora eres capaz de ver todos esos peces bucear en los océanos de tu juventud, de apreciar un matiz en las sonrisas, que rara vez esbozas, que no tienen otros jóvenes. Por fin te has dado cuenta de que tu mundo interior es mucho más extenso que lo que nos rodea: rutina, trabajos mal remunerados, fiestas, resacas, desconfianza y hastío.
Tal vez sea esta soledad mediana, que alimenta nuestra imaginación hoy, nuestro punto de encuentro mañana
Ya entonces sabía mirar detrás de tus ojos, era capaz de ver peces bucear en los océanos de tu niñez, de apreciar un matiz en las sonrisas que rara vez dibujabas, que no tenían los otros niños. Yo ya sabía que tu mundo interior era mucho más extenso que todo lo que nos rodeaba: cuadernos, lápices, pizarras, recreos, balones, peonzas y combas.
Una vez, te cogí la mano y te llevé a mi rincón favorito del patio. Intenté advertirte de lo que podría suceder cuando volviéramos a encontrarnos, pero ni tú supiste escucharme ni yo supe expresarlo. La cuestión es si ahora ya somos mayores, si ahora que he aprendido a expresarme, sabré explicarte lo que yo veía en ti cuando aún no habíamos rozado la pubertad, cuando las clases de inglés estaban patrocinadas por un pájaro que había dibujado nuestra profesora. Recuerdo que hicimos un concurso para ponerle nombre, tú ganaste. Falcon. Es posible que aún guarde el cuaderno donde está dibujado. En ningún momento me extrañó que se le diera el nombre que habías propuesto. Aquella noche se lo conté a mi madre, le dije que eras el niño más inteligente de la clase y que me gustaba el nombre.
Ahora que nos reencontramos es cuando me cuentas lo que ya sabía de ti y me hago la sorprendida. Ahora eres capaz de ver todos esos peces bucear en los océanos de tu juventud, de apreciar un matiz en las sonrisas, que rara vez esbozas, que no tienen otros jóvenes. Por fin te has dado cuenta de que tu mundo interior es mucho más extenso que lo que nos rodea: rutina, trabajos mal remunerados, fiestas, resacas, desconfianza y hastío.
Tal vez sea esta soledad mediana, que alimenta nuestra imaginación hoy, nuestro punto de encuentro mañana
viernes, 21 de septiembre de 2012
Los amores imposibles- Dario Jaramillo
Qué ternura encontrarte, viejo amor imposible,
qué dulce conocerte después de que el olvido
hizo más imposible nuestro amor imposible.
Nunca tú supiste el amor que te tuve:
entonces escuchaba con tu fantasma un vals
y conocía el asombro de mirar tus pestañas
y, sin tú darte cuenta, mi alma cabía completa
en tu labio inferior.
No creas que había fotos.
Era la presencia real que sólo poseen los amores imposibles.
Nada de esto te dije cuando me dio tanto gusto
que alguien nos presentara sin saber lo que hacía,
acercarme a tu ternura que ahora no invento.
Nada de esto te dije.
Esas ridiculeces no se dicen.
Los amores imposibles son los más ridículos amores.
Contigo no me equivoqué cuando te amaba,
pero ya no te amo.
Un beso en la mejilla.
"Volveremos a vernos".
qué dulce conocerte después de que el olvido
hizo más imposible nuestro amor imposible.
Nunca tú supiste el amor que te tuve:
entonces escuchaba con tu fantasma un vals
y conocía el asombro de mirar tus pestañas
y, sin tú darte cuenta, mi alma cabía completa
en tu labio inferior.
No creas que había fotos.
Era la presencia real que sólo poseen los amores imposibles.
Nada de esto te dije cuando me dio tanto gusto
que alguien nos presentara sin saber lo que hacía,
acercarme a tu ternura que ahora no invento.
Nada de esto te dije.
Esas ridiculeces no se dicen.
Los amores imposibles son los más ridículos amores.
Contigo no me equivoqué cuando te amaba,
pero ya no te amo.
Un beso en la mejilla.
"Volveremos a vernos".
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martes, 28 de agosto de 2012
Massive attack
Voy a nadar todo lo que te echo de menos, voy a correr muy deprisa, cuesta arriba, hasta dejar atrás las cosas que nunca te dije. Voy a hacerme fuerte, aumentaré progresivamente las flexiones de olvido, los estiramientos de las huellas neuronales que no me han dejado salir de tu radar.
Habrá tardes que me dé por bucear en los recuerdos de un tiempo en que quise ser más lista que mi subconsciente, voy a cargar cada músculo de mi cuerpo con indiferencia al peso.
Soy consciente de que vendrán días de dolor de corazón, de contracturas de nostalgia y esguinces de soledad no deseada. Un masaje de cariño y el calor de la gente que está conmigo hará que todo sea nada, que llegues a desaparecer de un camino que jamás debiste haber pisado.
Habrá tardes que me dé por bucear en los recuerdos de un tiempo en que quise ser más lista que mi subconsciente, voy a cargar cada músculo de mi cuerpo con indiferencia al peso.
Soy consciente de que vendrán días de dolor de corazón, de contracturas de nostalgia y esguinces de soledad no deseada. Un masaje de cariño y el calor de la gente que está conmigo hará que todo sea nada, que llegues a desaparecer de un camino que jamás debiste haber pisado.
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miércoles, 1 de agosto de 2012
Pause
No he vuelto a encender la vela que ardía al lado de la tele y nadie se ha atrevido a coger ni una fragmento más de la gallina de chocolate que alguno de nosotros rompió sobre la mesa aquella tarde, temerosos de que algo pueda volver a torcerse por mover alguno de los elementos que ese día acompañaron al cambio de rumbo de nuestros sueños, el pensamiento fantástico es así. Cuando las cosas van bien olvidamos la permanente idea de lo efímero. Nunca quise que se rompiera nada, jamás pensé que fueras a hacerlo tú, de haberlo sabido no habría dejado que nadie tocase ese ave de cacao, dios sabe a qué porcentaje.
viernes, 2 de marzo de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
"Por ti lo haría mil veces"
Hay personas sobre las que no puede escribirse mucho, no porque no haya cosas que decir sino porque no siempre se encuentran palabras que puedan explicar lo que significan para nosotros o porque la sinceridad, hoy en día, suele pagarse cara.
Es una pieza sin la que mi puzzle no podría terminarse y cada día estoy más segura de que apareció para hacerme ver cosas que antes no veía, para evitar que perdiera la fe en lo que hacía cuando hubo gente que quiso hacerme dudar de mi capacidad; y para prevenir que, en ningún momento, me traicionase.
Me ha demostrado que la amistad no siempre tiene edad y me ha dado consejos desde la experiencia de quien ha vivido veinte años más que yo. Es fuerte y diferente, no le hacen falta focos para brillar ni alas para volar. Un modelo de superación, mi ejemplo a seguir.
Si sufre, yo sufro, y si podemos repartir la pena para que pese menos, lo haremos.
Hoy la escribo para que recuerde que las oportunidades no se extinguen por muchos golpes que la vida nos quiera dar, y para que sepa que tiene mi mano tendida al otro lado del dolor.
Es una pieza sin la que mi puzzle no podría terminarse y cada día estoy más segura de que apareció para hacerme ver cosas que antes no veía, para evitar que perdiera la fe en lo que hacía cuando hubo gente que quiso hacerme dudar de mi capacidad; y para prevenir que, en ningún momento, me traicionase.
Me ha demostrado que la amistad no siempre tiene edad y me ha dado consejos desde la experiencia de quien ha vivido veinte años más que yo. Es fuerte y diferente, no le hacen falta focos para brillar ni alas para volar. Un modelo de superación, mi ejemplo a seguir.
Si sufre, yo sufro, y si podemos repartir la pena para que pese menos, lo haremos.
Hoy la escribo para que recuerde que las oportunidades no se extinguen por muchos golpes que la vida nos quiera dar, y para que sepa que tiene mi mano tendida al otro lado del dolor.
viernes, 20 de enero de 2012
Plaf
No llegó a conocerme. De vez en cuando, creyó adivinar lo que sentía, imaginó ser un elemento indispensable para una vida que avanzaba con más pena que gloria. Intentó parecer diferente, recitó poemas, y nombró a artistas y pintores de los que nada sabe. Habló de grupos que no se habían formado y de películas que aún tenían que rodarse.
Tal estupidez no llegó a causar en mí más que una mezcla de fascinación y lástima, paradójicamente, difíciles de diferenciar.
Nunca supo que yo me había hecho fuerte, que mi sorpresa y mi interés desaparecían en cuestión de horas ni que, de todo lo que dijera, me creería la mitad. No entendió mis malas caras ni mis silencios prolongados, pero la mayoría de las veces tampoco yo fui capaz de discernir por qué me comportaba así.
Por increíble que parezca, en alguna ocasión llegué a arrepentirme de no haber apostado por algo en lo que no creía. Llegué a pensar que, con tiempo, podría llegar a creer. Pero no soñaba, y sin sueños no puedes pretender volar conmigo.
Tal estupidez no llegó a causar en mí más que una mezcla de fascinación y lástima, paradójicamente, difíciles de diferenciar.
Nunca supo que yo me había hecho fuerte, que mi sorpresa y mi interés desaparecían en cuestión de horas ni que, de todo lo que dijera, me creería la mitad. No entendió mis malas caras ni mis silencios prolongados, pero la mayoría de las veces tampoco yo fui capaz de discernir por qué me comportaba así.
Por increíble que parezca, en alguna ocasión llegué a arrepentirme de no haber apostado por algo en lo que no creía. Llegué a pensar que, con tiempo, podría llegar a creer. Pero no soñaba, y sin sueños no puedes pretender volar conmigo.
domingo, 18 de diciembre de 2011
(R)evolución
Poco importa caer donde ya se ha caído cuando se sabe cómo salir. No duele, a penas deja rastro, no me asusta ni me hace más feliz. Es caer por haber olvidado cómo volar, es tener la piel magullada y no darse cuenta ni de que hay un charco de sangre en el suelo.
Ya no pienso en ti cuando estoy sola y las paredes me hablan , ya no eres distinto, te veo tan común como el resto de personas que se creen diferentes.
Tarde o temprano, descubres otro río en el que dejarte llevar, más largo y caudaloso. Y no es mejor ni peor, es cuestión de seguir, de avanzar, de darse cuenta de que lo que ayer me parecía irreemplazable hoy se me antoja de lo más prescindible, y aceptarlo.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Serendipia
Lo que callo, lo que no digo para que no sepas, o para no escucharlo yo, porque suficientemente difícil es ya saber algo que desearías no tener dentro como para tener que escucharlo, todo eso, tengo que almacenarlo en alguna parte para que no duela. A veces, lo dejo aquí. Otras, lo convierto en música.
And then I looked up at the sun and I could see
Oh, the way that gravity turns for you and me
And then I looked up at the sky and saw the sun
and the way that gravity pulls on everyone, on everyone...
And then I looked up at the sun and I could see
Oh, the way that gravity turns for you and me
And then I looked up at the sky and saw the sun
and the way that gravity pulls on everyone, on everyone...
viernes, 7 de octubre de 2011
By plane
miércoles, 10 de agosto de 2011
Debilidad
Todos tenemos alguna debilidad. A veces, esa debilidad tiene nombre propio y unos ojos capaces de atravesar nuestro escudo con sólo mirarnos. Se trata de personas que guardan nuestra ilusión en sus manos, que vienen y van cuando quieren, y que, de vez en cuando, pueden llegar a hacernos pensar que nosotros somos, de la misma manera, una debilidad para ellos. Nos encanta que vengan, pero nos mata que se marchen y nunca podremos reprocharles nada. Porque, la verdad es que no hay nada que reprochar y porque no imaginan, ni de lejos, el efecto que ejercen sobre nosotros. Llega un momento en que asumimos que siempre será así, que seguirán siendo el ser que marca la diferencia con el resto de los mortales.
A todos nos pasa.
A todos nos pasa.
jueves, 16 de junio de 2011
Crash!
No había roto un plato hasta que me cargué la vajilla entera, pero tampoco había puesto nombre a un sentimiento hasta que te conocí. Las cosas que no tienen retorno suelen ser las que más asustan, pero también las que más gustan. Por eso es tan emocionante eso de no saber qué plato será el primero que romperás, porque, una vez hayas roto cuatro o cinco y todos los pedazos estén esparcidos por el suelo, no va a haber manera de volver a reformar ni uno sólo de ellos. Es un riesgo pero, bajo mi punto de vista, en ocasiones es un alivio saber que hay cosas que no van a poder volver a ser lo que fueron.
También es verdad que, cuando era niña y me tiraba por un tobogán de cabeza, no pensaba que pudiera dejar los dientes contra el suelo (afortunadamente, no llegó a ocurrir). Sin embargo, ahora no lo haría ni con cinco copas de más. La autoprotección es buena hasta cierto punto. Porque mi problema es que ya no sé deshacerme del escudo que, aún no se cuándo, empecé a llevar conmigo.
Y eso no rompe nada, pero lo jode todo.
También es verdad que, cuando era niña y me tiraba por un tobogán de cabeza, no pensaba que pudiera dejar los dientes contra el suelo (afortunadamente, no llegó a ocurrir). Sin embargo, ahora no lo haría ni con cinco copas de más. La autoprotección es buena hasta cierto punto. Porque mi problema es que ya no sé deshacerme del escudo que, aún no se cuándo, empecé a llevar conmigo.
Y eso no rompe nada, pero lo jode todo.
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