Poco queda de ese todo que maquillo la primavera con colores vivos, poco de tus ojos deslumbrando la oscuridad más absoluta, de sus manos en tu espalda, de esa falda alegre y fina.
Va siendo momento de subrayar los errores con tinta invisible, sonreír tan sólo cuando te apetezca, y empezar a transformar el "quiero" en "puedo" y , este, en "tengo".
La dulzura de sus labios escondía el peor de los venenos, el liberado por un amor poco deseado y peor correspondido. No existe manera más torpe de afrontar un sentimiento que intentar deshacerse de él, y tú quisiste esconderlo por no admitir que te ardía dentro.
La mañana fresca, una taza de café entre sus manos, la espuma bañando su labio superior, los rayos del sol iluminando aquellos mechones castaños...son detalles que, para bien o para mal, siempre ocuparán algún lugar de tu memoria.
Pero déjame que te cuente algo de lo que, tal vez, no seas consciente. No quiero que lo olvides nunca, lo difícil no es levantarte cuando caes, sino tener el valor de agarrar la mano que te tienden cuando las heridas son graves. Aquí tienes la mía, puedes agarrarla cuando quieras. Y, si no estás preparada, no pasa nada, me sentaré a tu lado y esperaremos juntas a que dejes de sangrar.
lunes, 29 de agosto de 2011
lunes, 22 de agosto de 2011
La realidad
No es sencillo mirar de frente lo que nos hace daño, como no lo es un "hasta siempre", ni cruzar los brazos cuando sabemos que ya nada se puede hacer. Duele hasta el hueso mirar a los ojos de quien está sentado en frente y adivinar resignación, asusta pensar que la fecha de caducidad está más cerca que lejos.
Conviene escapar, de vez en cuando, de la realidad. Ya no sólo por olvidar un poco que está ahí, acechante, como un tren fantasma en la noche más oscura, sino porque quizás sea la mejor manera de no perder el poco control que aún nos queda en un irremediable viaje hacia la nada. Aunque siga persiguiéndonos, conviene escapar.
Las cosas son como son, y aunque queramos pintar el cielo de otros colores porque estemos hartos del azul, no va a dejar de ser celeste, como los ojos de quien amaste y ahora no puedes ver. Suelo compararlo con la sensación que tengo cuando te veo y tengo que morderme las entrañas para no arrojarte a la cara la realidad que pareces haber olvidado. Te abrasaría la piel, te ahogarías en ella.
Pero qué te voy a decir yo que no haya hecho mal. Los errores siempre son injustificados. Los hay que olvidan una bolsa con ropa en una cafetería y los hay que prefieren ir dejando la vida en cualquier rincón, como si no fueran a morir jamás, sin saber que el jamás no es para siempre.
Es mejor despedirnos como si fuéramos a vernos mañana, hacer planes de un futuro inexistente, perdonar que no quieras seguir compartiendo tus veranos. Y es que he perdido las ganas de sufrir, las he dejado en un enero o en un mayo que, por desgracia, no van a volver. Hazme un último favor, no seas diciembre, no seas un dos.
Conviene escapar, de vez en cuando, de la realidad. Ya no sólo por olvidar un poco que está ahí, acechante, como un tren fantasma en la noche más oscura, sino porque quizás sea la mejor manera de no perder el poco control que aún nos queda en un irremediable viaje hacia la nada. Aunque siga persiguiéndonos, conviene escapar.
Las cosas son como son, y aunque queramos pintar el cielo de otros colores porque estemos hartos del azul, no va a dejar de ser celeste, como los ojos de quien amaste y ahora no puedes ver. Suelo compararlo con la sensación que tengo cuando te veo y tengo que morderme las entrañas para no arrojarte a la cara la realidad que pareces haber olvidado. Te abrasaría la piel, te ahogarías en ella.
Pero qué te voy a decir yo que no haya hecho mal. Los errores siempre son injustificados. Los hay que olvidan una bolsa con ropa en una cafetería y los hay que prefieren ir dejando la vida en cualquier rincón, como si no fueran a morir jamás, sin saber que el jamás no es para siempre.
Es mejor despedirnos como si fuéramos a vernos mañana, hacer planes de un futuro inexistente, perdonar que no quieras seguir compartiendo tus veranos. Y es que he perdido las ganas de sufrir, las he dejado en un enero o en un mayo que, por desgracia, no van a volver. Hazme un último favor, no seas diciembre, no seas un dos.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Debilidad
Todos tenemos alguna debilidad. A veces, esa debilidad tiene nombre propio y unos ojos capaces de atravesar nuestro escudo con sólo mirarnos. Se trata de personas que guardan nuestra ilusión en sus manos, que vienen y van cuando quieren, y que, de vez en cuando, pueden llegar a hacernos pensar que nosotros somos, de la misma manera, una debilidad para ellos. Nos encanta que vengan, pero nos mata que se marchen y nunca podremos reprocharles nada. Porque, la verdad es que no hay nada que reprochar y porque no imaginan, ni de lejos, el efecto que ejercen sobre nosotros. Llega un momento en que asumimos que siempre será así, que seguirán siendo el ser que marca la diferencia con el resto de los mortales.
A todos nos pasa.
A todos nos pasa.
martes, 9 de agosto de 2011
Agosto
Estaba todo sin estrenar, tan nuevo como una vela que no se ha encendido, como la manzana del pecado original, como si nadie hubiera pasado por allí cientos de veces antes.
Y aunque la realidad fuera que muchos otros habían disfrutado ya de sus rincones, yo no había saboreado la libertad que traía envasada al vacío en una maleta más llena de esperanza que de nostalgias. Por aquel entonces, no sabía que estar rodeada de gente que no conocía fuera a sentarme bien, ni que las cosas que hasta entonces me hacían daño, dejarían de doler.
Poco a poco, las sonrisas empezaron a adornar los días, y los paseos, las noches. Pero no todo resultó tan sencillo como pueda parecer, tuve que llorar para saber lo que era reír y tuve que enfrentarme al miedo para conocer la tranquilidad.
Fue así como fui dejando el pasado en un escaparate y así es como, de vez en cuando, vuelvo hasta él para observarlo. Es entonces cuando me doy cuenta de que hace mucho que dejé de echarte de menos y que se han abierto nuevas heridas, pero alguien las suturará con el hilo que debería haber cerrado las tuyas.
Y aunque la realidad fuera que muchos otros habían disfrutado ya de sus rincones, yo no había saboreado la libertad que traía envasada al vacío en una maleta más llena de esperanza que de nostalgias. Por aquel entonces, no sabía que estar rodeada de gente que no conocía fuera a sentarme bien, ni que las cosas que hasta entonces me hacían daño, dejarían de doler.
Poco a poco, las sonrisas empezaron a adornar los días, y los paseos, las noches. Pero no todo resultó tan sencillo como pueda parecer, tuve que llorar para saber lo que era reír y tuve que enfrentarme al miedo para conocer la tranquilidad.
Fue así como fui dejando el pasado en un escaparate y así es como, de vez en cuando, vuelvo hasta él para observarlo. Es entonces cuando me doy cuenta de que hace mucho que dejé de echarte de menos y que se han abierto nuevas heridas, pero alguien las suturará con el hilo que debería haber cerrado las tuyas.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Torturador y espejo- Mario Benedetti
Mírate
así
qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia,
qué paliza paterna te generó cobarde,
qué tristes sumisiones te hicieron despiadado.
no escapes a tus ojos,
mírate
así
dónde están las walkirias que no pudiste,
la primera marmita de tus sañas,
te metiste en crueldades de once varas,
y ahora el odio te sigue como un buitre
no escapes a tus ojos,
mírate
así
aunque nadie te mate,
sos cadáver
aunque nadie te pudra,
estás podrido
dios te ampare,
o mejor
dios te reviente.
así
qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia,
qué paliza paterna te generó cobarde,
qué tristes sumisiones te hicieron despiadado.
no escapes a tus ojos,
mírate
así
dónde están las walkirias que no pudiste,
la primera marmita de tus sañas,
te metiste en crueldades de once varas,
y ahora el odio te sigue como un buitre
no escapes a tus ojos,
mírate
así
aunque nadie te mate,
sos cadáver
aunque nadie te pudra,
estás podrido
dios te ampare,
o mejor
dios te reviente.
jueves, 28 de julio de 2011
Destilados
Quizás tengas razón cuando dices que los viejos tiempos eran mejores. O tal vez no fueran mejores los tiempos, sino la compañía, los quehaceres de mentira, las responsabilidades reducidas. El reunirnos en tu casa y olvidarnos del reloj, el olor a marihuana en el portal, el dar igual quince que treinta mientras pudiéramos reír toda la noche sin que protestasen los vecinos.
Guitarras, cajones, tacones y ron del malo aderezaban aquellos días en los que planeábamos escapar en velero, dejarlo todo, comprar una isla y empezar de cero. No se pierden los recuerdos, al menos no los buenos y, por suerte, muchos son los que han quedado en mi memoria.
Es probable que, con el paso del tiempo, pocos seamos los que nos reunamos para rescatar los instantes que quieran escapar de nuestra cabeza, pocos quedarán de los que hoy me acompañan en un presente que se borra a cada instante. Me conformo con dos o tres, con los mejores.
Así que, aumentemos el porcentaje de buenas sensaciones y pensemos que los sueños de antes no tienen por qué convertirse en las pesadillas de ahora, que sabemos pintar el futuro de rojos y verdes, y mirar al pasado para mejorar el presente.
Hagámoslo, pero siempre juntos.
Nunca dejes de soñar.
Guitarras, cajones, tacones y ron del malo aderezaban aquellos días en los que planeábamos escapar en velero, dejarlo todo, comprar una isla y empezar de cero. No se pierden los recuerdos, al menos no los buenos y, por suerte, muchos son los que han quedado en mi memoria.
Es probable que, con el paso del tiempo, pocos seamos los que nos reunamos para rescatar los instantes que quieran escapar de nuestra cabeza, pocos quedarán de los que hoy me acompañan en un presente que se borra a cada instante. Me conformo con dos o tres, con los mejores.
Así que, aumentemos el porcentaje de buenas sensaciones y pensemos que los sueños de antes no tienen por qué convertirse en las pesadillas de ahora, que sabemos pintar el futuro de rojos y verdes, y mirar al pasado para mejorar el presente.
Hagámoslo, pero siempre juntos.
Nunca dejes de soñar.
miércoles, 27 de julio de 2011
Never let me go
O "Nunca me abandones". Bajo mi punto de vista, conmovedora y diferente. Basada en la novela del mismo nombre, escrita por el autor japonés Kazuo Ishiguro, nos presenta una historia de amor y amistad que va más allá de las limitaciones que los tres protagonistas (Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley) presentan en sus complicadas vidas.
viernes, 22 de julio de 2011
Little Miss Sunshine
¿Sabes qué? Que se jodan los concursos de belleza. La vida es una mierda de concurso de belleza despues de otro. Colegio, luego la universidad, luego el trabajo. Que se jodan. Y que se joda la Academia de la Fuerza Aerea. Si quiero volar, encontrare un modo de volar. Haz lo que deseas y que se joda el resto.
jueves, 7 de julio de 2011
Tras la puerta
Despierta antes de que suene la alarma. Fija la mirada en baldosas agrietadas. Atesora palabras. Las recuerda cuando no estás. Ocupa lugares que no le corresponden. Dibuja sonrisas. Sonríe sin ganas. Enciende la tele. La apaga. Recorre con los ojos lo que no puede tocar con las manos. Incumple promesas. Defiende lo justo. Ayuda a quien ama. Se miente a sí misma. No piensa lo que dice. Dice lo que siente. Se acobarda ante lo desconocido. Olvida lo importante. Recuerda lo superfluo. Le gustan las estrellas. Piensa que puede congelar el tiempo en una foto. Le asusta la velocidad. Prefiere el invierno. Se siente culpable. Regala libros que ha leído. Le inquieta el paso del tiempo. Una canción puede cambiar su humor. Colecciona entradas de cine. No sabe tomar decisiones. Se enamora de imposibles y cree que el destino no hará mucho por ella.
miércoles, 6 de julio de 2011
Ahora que...
Ahora que nos besamos tan despacio,
ahora que aprendo bailes de salón,
ahora que una pensión es un palacio,
donde nunca falta espacio
para más de un corazón.
Ahora que las floristas me saludan,
ahora que me doctoro en lencería,
ahora que te desnudo y me desnudas,
y, en la estación de las dudas,
muere un tren de cercanías.
Ahora que nos quedamos en la cama,
lunes, martes y fiestas de guardar,
ahora que no me acuerdo del pijama,
ni recorto el crucigrama,
ni me mato si te vas.
Ahora que tengo un alma
que no tenía.
Ahora que suenan palmas
por alegrías.
Ahora que nada es sagrado
ni, sobre mojado,
llueve todavía.
Ahora que hacemos olas
por incordiar.
Ahora que está tan sola
la soledad.
Ahora que, todos los cuentos
parecen el cuento
de nunca empezar.
Ahora que ponnos otra y qué se debe,
ahora que el mundo está recién pintado,
ahora que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven
a dolernos demasiado.
Ahora que está tan lejos el olvido,
ahora que me perfumo cada día,
ahora que, sin saber, hemos sabido
querernos como es debido,
sin querernos todavía.
Ahora que se atropellan las semanas,
fugaces, como estrellas de Bagdad,
ahora que, casi siempre, tengo ganas
de trepar a tu ventana
y quitarme el antifaz.
Ahora que los sentidos
sienten sin miedo.
Ahora que me despido
pero me quedo.
Ahora que tocan los ojos,
que miran las bocas,
que gritan los dedos.
Ahora que no hay vacunas
ni letanías.
Ahora que está en la luna
la policía.
Ahora que explotan los coches,
que sueño de noche,
que duermo de día.
Ahora que no te escribo
cuando me voy.
Ahora que estoy más vivo
de lo que estoy.
Ahora que nada es urgente,
que todo es presente,
que hay pan para hoy.
Ahora que no te pido
lo que me das.
Ahora que no me mido
con los demás.
Ahora que, todos los cuentos,
parecen el cuento
de nunca empezar.
-Joaquín Sabina-
ahora que aprendo bailes de salón,
ahora que una pensión es un palacio,
donde nunca falta espacio
para más de un corazón.
Ahora que las floristas me saludan,
ahora que me doctoro en lencería,
ahora que te desnudo y me desnudas,
y, en la estación de las dudas,
muere un tren de cercanías.
Ahora que nos quedamos en la cama,
lunes, martes y fiestas de guardar,
ahora que no me acuerdo del pijama,
ni recorto el crucigrama,
ni me mato si te vas.
Ahora que tengo un alma
que no tenía.
Ahora que suenan palmas
por alegrías.
Ahora que nada es sagrado
ni, sobre mojado,
llueve todavía.
Ahora que hacemos olas
por incordiar.
Ahora que está tan sola
la soledad.
Ahora que, todos los cuentos
parecen el cuento
de nunca empezar.
Ahora que ponnos otra y qué se debe,
ahora que el mundo está recién pintado,
ahora que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven
a dolernos demasiado.
Ahora que está tan lejos el olvido,
ahora que me perfumo cada día,
ahora que, sin saber, hemos sabido
querernos como es debido,
sin querernos todavía.
Ahora que se atropellan las semanas,
fugaces, como estrellas de Bagdad,
ahora que, casi siempre, tengo ganas
de trepar a tu ventana
y quitarme el antifaz.
Ahora que los sentidos
sienten sin miedo.
Ahora que me despido
pero me quedo.
Ahora que tocan los ojos,
que miran las bocas,
que gritan los dedos.
Ahora que no hay vacunas
ni letanías.
Ahora que está en la luna
la policía.
Ahora que explotan los coches,
que sueño de noche,
que duermo de día.
Ahora que no te escribo
cuando me voy.
Ahora que estoy más vivo
de lo que estoy.
Ahora que nada es urgente,
que todo es presente,
que hay pan para hoy.
Ahora que no te pido
lo que me das.
Ahora que no me mido
con los demás.
Ahora que, todos los cuentos,
parecen el cuento
de nunca empezar.
-Joaquín Sabina-
lunes, 4 de julio de 2011
La lija y la seda
No se dio la vuelta. Si por lo menos hubiese existido ese último gesto, el que arroja una esperanza con la que no se contaba, ese que nos lleva a pensar que aún queda parte de nosotros en quien se está alejando; si hubiera ocurrido, no cabe duda de que los días serían más sueño que vigilia, más cama que calle, más flores que alcohol. Pero no se dio la vuelta y eso lo cambia todo. Una vulgar despedida para una historia que perfectamente podría haberse convertido en leyenda de las calles que ahora me ven deambular empapada en lo que pudo haber sido.
Quién sabe lo que hubiese pasado después, un abrazo tal vez, un silencio, un beso, una noche con más luz que el día, un "para siempre", un "nunca más". Me mata la duda, alojada en alguna parte de mi cerebro que se envenena con la imagen que no quiere recordar. Aún me veo anclada en la acera- "si se da la vuelta antes de que cuente diez es que me quiere pero no se atreve a decirlo" -con la ingenuidad de una juventud que me impedía ser objetiva.
Puede que tan sólo sean los prejuicios los que me lleven a pensar así, puede que si hubiera contado hasta veinte hubiera dado tiempo a que mirara hacia mi puerta, o que lo hiciera cuando yo dejé de observar su silueta, o quizás no se girara esperando que fuera yo quien, sin hacer ruido y por sorpresa, le alcanzara y le tapara los ojos susurrándole al oído "bienvenido".
Quién sabe lo que hubiese pasado después, un abrazo tal vez, un silencio, un beso, una noche con más luz que el día, un "para siempre", un "nunca más". Me mata la duda, alojada en alguna parte de mi cerebro que se envenena con la imagen que no quiere recordar. Aún me veo anclada en la acera- "si se da la vuelta antes de que cuente diez es que me quiere pero no se atreve a decirlo" -con la ingenuidad de una juventud que me impedía ser objetiva.
Puede que tan sólo sean los prejuicios los que me lleven a pensar así, puede que si hubiera contado hasta veinte hubiera dado tiempo a que mirara hacia mi puerta, o que lo hiciera cuando yo dejé de observar su silueta, o quizás no se girara esperando que fuera yo quien, sin hacer ruido y por sorpresa, le alcanzara y le tapara los ojos susurrándole al oído "bienvenido".
domingo, 3 de julio de 2011
Los enamoramientos- Javier Marías
El enamoramiento. El sustantivo, el concepto; el adjetivo, el estado, eso sí es más conocido, por lo menos el francés lo tiene y el inglés no, pero se esfuerza y se acerca...Nos hacen gracia muchas personas, nos divierten, nos encantan, nos inspiran afecto y aun nos enternecen, o nos gustan, nos arrebatan, incluso nos vuelven locos momentáneamente, disfrutamos de su cuerpo o de su compañía o de ambas cosas, como sucede contigo y me ha sucedido otras veces, unas pocas. Hasta se nos hacen imprescindibles algunas, la fuerza de la costumbre es inmensa y acaba por suplir casi todo, incluso por suplantarlo. Puede suplantar el amor, por ejemplo, pero no el enamoramiento, conviene distinguir entre los dos, aunque se confundan no son lo mismo... Lo que es muy raro es sentir debilidad por alguien, y que nos la produzca, que nos haga débiles. Eso es lo determinante, que nos impida ser objetivos y nos desarme a perpetuidad y nos haga rendirnos en todos los pleitos (...).
Uno sabe que es incondicional de esa persona, que la va a ayudar y a apoyar en lo que sea, aunque se trate de un empeño horrible y que hará por ella lo que se tercie. Son personas que no es que a uno le hagan gracia, en el sentido más noble del término; es que le caen en gracia, que es diferente y mucho más fuerte y duradero. Como todos sabemos, esa incondicionalidad apenas tiene que ver con la razón, ni siquiera con las causas. De hecho, es curioso, el efecto es enorme y no hay causas, no suele haberlas o no son formulables. A mi me parece que interviene no poco la decisión, una decisión arbitraria... Pero en fin, esa es otra historia.
Uno sabe que es incondicional de esa persona, que la va a ayudar y a apoyar en lo que sea, aunque se trate de un empeño horrible y que hará por ella lo que se tercie. Son personas que no es que a uno le hagan gracia, en el sentido más noble del término; es que le caen en gracia, que es diferente y mucho más fuerte y duradero. Como todos sabemos, esa incondicionalidad apenas tiene que ver con la razón, ni siquiera con las causas. De hecho, es curioso, el efecto es enorme y no hay causas, no suele haberlas o no son formulables. A mi me parece que interviene no poco la decisión, una decisión arbitraria... Pero en fin, esa es otra historia.
miércoles, 29 de junio de 2011
Reflexión sobre mi ceguera
He decidido que es el momento de corregir mi ceguera, voy a ir al oculista.
No penséis que esto de ver mal es algo nuevo. Puedo reconocer una línea en una pizarra, pero no soy capaz de distinguir las palabras que le dan significado a la oración. Y sin significado, nada tiene mucho sentido.
Puede que siempre haya visto mal y no me haya dado cuenta hasta ahora. Eso explicaría todas esas cosas que nunca he sido capaz de explicarte, no porque no haya querido hacerlo, sino porque aún no he encontrado la manera.
El problema no sólo es ver mal de lejos porque, para qué vamos a engañarnos, de lejos todos vemos más pequeño lo que es grande. Si se encuentra situado a más de treinta metros de nosotros, es posible que no lleguemos a distinguirlo del resto de la imagen.
El problema viene cuando no reconocemos lo que está cerca. Todo eso que está ahí, a un sólo metro, y que muchas veces vemos, pero no llegamos a mirar. Y no es que no queramos verlo, es sólo que estamos tan acostumbrados a que esté ahí que, los despistados, como yo, terminamos por olvidar lo que es importante y lo que no.
Por eso creo que es el mejor momento para graduar mi vista, porque mis ojos han dejado perfilar las cosas importantes, porque estás cerca pero no puedo verte, ni mucho menos, mirarte. Y tengo tanto miedo de que un día no sea capaz, ni tan siquiera, de sentirte, que necesito que alguien me ponga unos cristales ante los ojos. Tal vez para esconderme detrás de ellos y pasar un poco más desapercibida, o tal vez para volver a disfrutar de todos esos detalles que antes veía y he dejado de apreciar. Esos que te diferencian del resto de los mortales, los que te han convertido en el motivo por el que seguir adelante.
Claro que, así como voy a poder volver a disfrutar más de lo que ahora veo menos, también es cierto que voy a tener que lidiar con el hecho de tener que contemplar lo grotesco. Ya sé que siempre podré girar la cara, pero es algo que siempre estará ahí, rodeando nuestro mundo, ese que hemos ido creando con tiempo y paciencia, el mismo en el que me has hecho sentir alguien y del que sólo podré salir cuando salgas tú.
Por ahora, seguiré esperando a que el médico me diga: "no hay más ciego que el que no quiere ver".
No penséis que esto de ver mal es algo nuevo. Puedo reconocer una línea en una pizarra, pero no soy capaz de distinguir las palabras que le dan significado a la oración. Y sin significado, nada tiene mucho sentido.
Puede que siempre haya visto mal y no me haya dado cuenta hasta ahora. Eso explicaría todas esas cosas que nunca he sido capaz de explicarte, no porque no haya querido hacerlo, sino porque aún no he encontrado la manera.
El problema no sólo es ver mal de lejos porque, para qué vamos a engañarnos, de lejos todos vemos más pequeño lo que es grande. Si se encuentra situado a más de treinta metros de nosotros, es posible que no lleguemos a distinguirlo del resto de la imagen.
El problema viene cuando no reconocemos lo que está cerca. Todo eso que está ahí, a un sólo metro, y que muchas veces vemos, pero no llegamos a mirar. Y no es que no queramos verlo, es sólo que estamos tan acostumbrados a que esté ahí que, los despistados, como yo, terminamos por olvidar lo que es importante y lo que no.
Por eso creo que es el mejor momento para graduar mi vista, porque mis ojos han dejado perfilar las cosas importantes, porque estás cerca pero no puedo verte, ni mucho menos, mirarte. Y tengo tanto miedo de que un día no sea capaz, ni tan siquiera, de sentirte, que necesito que alguien me ponga unos cristales ante los ojos. Tal vez para esconderme detrás de ellos y pasar un poco más desapercibida, o tal vez para volver a disfrutar de todos esos detalles que antes veía y he dejado de apreciar. Esos que te diferencian del resto de los mortales, los que te han convertido en el motivo por el que seguir adelante.
Claro que, así como voy a poder volver a disfrutar más de lo que ahora veo menos, también es cierto que voy a tener que lidiar con el hecho de tener que contemplar lo grotesco. Ya sé que siempre podré girar la cara, pero es algo que siempre estará ahí, rodeando nuestro mundo, ese que hemos ido creando con tiempo y paciencia, el mismo en el que me has hecho sentir alguien y del que sólo podré salir cuando salgas tú.
Por ahora, seguiré esperando a que el médico me diga: "no hay más ciego que el que no quiere ver".
lunes, 20 de junio de 2011
Dos tickets
http://www.youtube.com/watch?v=iYI0blJPP_g
Sálvame, de los bombardeos,
de sucesos en lata
y domingos cerrados.
Sálvame, en los escenarios
de camioneros salvajes
y señales de tráfico.
¿ Te vale con mi corazón
en medio de la calle?
O en un rincón de tu bolsa de viaje...
Guardo dos tickets porque tú y yo,
aún es posible sin causar dolor a nadie.
Como tú me dices, aunque se olviden.
Sálvame, saltaré el primero,
soy un mar de curvas
y paisajes eléctricos
que acuden a tu corazón
el viernes por la tarde,
un callejón para gatos al aire.
Guardo dos tickets porque tú y yo,
aún es posible sin causar dolor a nadie.
Como tú me dices, aunque se olviden...Aunque me olvide.
-Quique González-
Sálvame, de los bombardeos,
de sucesos en lata
y domingos cerrados.
Sálvame, en los escenarios
de camioneros salvajes
y señales de tráfico.
¿ Te vale con mi corazón
en medio de la calle?
O en un rincón de tu bolsa de viaje...
Guardo dos tickets porque tú y yo,
aún es posible sin causar dolor a nadie.
Como tú me dices, aunque se olviden.
Sálvame, saltaré el primero,
soy un mar de curvas
y paisajes eléctricos
que acuden a tu corazón
el viernes por la tarde,
un callejón para gatos al aire.
Guardo dos tickets porque tú y yo,
aún es posible sin causar dolor a nadie.
Como tú me dices, aunque se olviden...Aunque me olvide.
-Quique González-
jueves, 16 de junio de 2011
Crash!
No había roto un plato hasta que me cargué la vajilla entera, pero tampoco había puesto nombre a un sentimiento hasta que te conocí. Las cosas que no tienen retorno suelen ser las que más asustan, pero también las que más gustan. Por eso es tan emocionante eso de no saber qué plato será el primero que romperás, porque, una vez hayas roto cuatro o cinco y todos los pedazos estén esparcidos por el suelo, no va a haber manera de volver a reformar ni uno sólo de ellos. Es un riesgo pero, bajo mi punto de vista, en ocasiones es un alivio saber que hay cosas que no van a poder volver a ser lo que fueron.
También es verdad que, cuando era niña y me tiraba por un tobogán de cabeza, no pensaba que pudiera dejar los dientes contra el suelo (afortunadamente, no llegó a ocurrir). Sin embargo, ahora no lo haría ni con cinco copas de más. La autoprotección es buena hasta cierto punto. Porque mi problema es que ya no sé deshacerme del escudo que, aún no se cuándo, empecé a llevar conmigo.
Y eso no rompe nada, pero lo jode todo.
También es verdad que, cuando era niña y me tiraba por un tobogán de cabeza, no pensaba que pudiera dejar los dientes contra el suelo (afortunadamente, no llegó a ocurrir). Sin embargo, ahora no lo haría ni con cinco copas de más. La autoprotección es buena hasta cierto punto. Porque mi problema es que ya no sé deshacerme del escudo que, aún no se cuándo, empecé a llevar conmigo.
Y eso no rompe nada, pero lo jode todo.
miércoles, 15 de junio de 2011
Eclipse de luna
Ante la ridiculez, el silencio es la mejor opción. Aunque, si te digo la verdad, ha llegado el punto en el que me callo por puro cansancio. De verdad, no le veo sentido a discutir algo que ya se ha hablado. Está claro que, en la vida, hay momentos en los que debemos elegir entre dos caminos.
Si he escogido uno, no me preguntes por qué no he escogido el otro. No me vengas ahora con que aquel era mucho mejor porque, sinceramente, me da igual. No vayas a creer que todos somos como tú, de los que empiezan a caminar por uno y luego quieren atravesar, como sea, hacia el otro. Intento ser responsable de mis decisiones, aunque casi siempre termino decepcionando a la gente que más me importa. Por eso, he decidido dejar de correr hacia ninguna parte, que me fatigo y con este calor no puede ser bueno.
Ya lo dijo Machado: al andar se hace camino/y al volver la vista atrás/se ve la senda que nunca/se ha de pisar.
Así que, yendo despacito, he descubierto que el paisaje es mucho más interesante que el destino. No dejo nada a medio hacer y me da tiempo a darme cuenta de qué personas son las que están dispuestas a caminar a mi lado sin dejarme tirada cuando más queme el sol. En realidad, creo que hay muy pocas personas con las que podamos contar. A mi me sorprende la gente que dice que los dedos de una mano no le llegan para contar todos los amigos que tiene. Yo cuento, como mucho, tres personas que no me han fallado nunca, y ya me parecen demasiadas. No sé tú, pero yo encuentro más estimulante descubrir un diamante en bruto a la orilla del camino que dedicarme a meter piedras en los bolsillos de mi chaqueta a cada paso. Un diamante lo guardas para siempre. De las piedras, al final, tienes que deshacerte, porque lo único que consiguen es que la ruta sea más pesada.
Cuando me entra miedo, paro un rato, me tumbo en la hierba y respiro hondo. Siempre hay quien te acompaña mientras dura la oscuridad, te cuenta una historia alegre cuando estás triste y triste cuando estás alegre, para poderte reír en cualquier situación.
Algunos ya eligieron el camino del patetismo, yo escojo el de vivir la vida sintiéndome bien, ¿y tú?
Si he escogido uno, no me preguntes por qué no he escogido el otro. No me vengas ahora con que aquel era mucho mejor porque, sinceramente, me da igual. No vayas a creer que todos somos como tú, de los que empiezan a caminar por uno y luego quieren atravesar, como sea, hacia el otro. Intento ser responsable de mis decisiones, aunque casi siempre termino decepcionando a la gente que más me importa. Por eso, he decidido dejar de correr hacia ninguna parte, que me fatigo y con este calor no puede ser bueno.
Ya lo dijo Machado: al andar se hace camino/y al volver la vista atrás/se ve la senda que nunca/se ha de pisar.
Así que, yendo despacito, he descubierto que el paisaje es mucho más interesante que el destino. No dejo nada a medio hacer y me da tiempo a darme cuenta de qué personas son las que están dispuestas a caminar a mi lado sin dejarme tirada cuando más queme el sol. En realidad, creo que hay muy pocas personas con las que podamos contar. A mi me sorprende la gente que dice que los dedos de una mano no le llegan para contar todos los amigos que tiene. Yo cuento, como mucho, tres personas que no me han fallado nunca, y ya me parecen demasiadas. No sé tú, pero yo encuentro más estimulante descubrir un diamante en bruto a la orilla del camino que dedicarme a meter piedras en los bolsillos de mi chaqueta a cada paso. Un diamante lo guardas para siempre. De las piedras, al final, tienes que deshacerte, porque lo único que consiguen es que la ruta sea más pesada.
Cuando me entra miedo, paro un rato, me tumbo en la hierba y respiro hondo. Siempre hay quien te acompaña mientras dura la oscuridad, te cuenta una historia alegre cuando estás triste y triste cuando estás alegre, para poderte reír en cualquier situación.
Algunos ya eligieron el camino del patetismo, yo escojo el de vivir la vida sintiéndome bien, ¿y tú?
martes, 14 de junio de 2011
Don't panic
Cuando algo se ha perdido, debemos estar dispuestos a sufrir ciertos daños mientras volvemos a encontrarlo. Pero recuperar la ilusión no es tan difícil. Tan sólo hay que abrir bien los ojos, tener medio claro lo que se quiere y no quedarse anclado en lo que se ha dejado atrás sino en lo que se tiene, que suele ser mucho más de lo que se cree, y en lo que está por llegar, que va a ser mejor de lo que imaginamos.
A veces es necesario escalar una montaña para verlo todo desde otra perspectiva. Cuando estás en la cima, te das cuenta de que, de la misma manera en que la ciudad se ha hecho pequeña a lo lejos, los problemas se están encogiendo. La sensación de libertad es brutal y poder gritar sin miedo a que alguien te mire mientras se pregunta si padeces de algún problema mental es algo incomparable.
Hemos pasado de tocar canciones de Antonio Vega a "himnos" de Los Beatles, y eso deja bastante claro que, por fin, el verano está llegando, llueve menos y sonreímos más.
Los vecinos vienen a protestar, ¡que llamen a la poli, que se unan al festín!
La causa del insomnio ha sufrido una clara transformación, el sueño pesa menos y la vigilia gusta más.
Tampoco penséis que me ha sucedido algo estratosférico. A veces, con que una margarita diga "sí", el sol te caliente la piel o alguien te sonría, es suficiente. Más que suficiente.
Salgamos a disfrutar de la ciudad sin estrellas, dibujemos unas cuentas y dejemos que cuelguen de un cielo sin estrenar, que brillen con nosotros. Ya verás que bien les sienta un poco de luz a los que siguen en el invierno.
A veces es necesario escalar una montaña para verlo todo desde otra perspectiva. Cuando estás en la cima, te das cuenta de que, de la misma manera en que la ciudad se ha hecho pequeña a lo lejos, los problemas se están encogiendo. La sensación de libertad es brutal y poder gritar sin miedo a que alguien te mire mientras se pregunta si padeces de algún problema mental es algo incomparable.
Hemos pasado de tocar canciones de Antonio Vega a "himnos" de Los Beatles, y eso deja bastante claro que, por fin, el verano está llegando, llueve menos y sonreímos más.
Los vecinos vienen a protestar, ¡que llamen a la poli, que se unan al festín!
La causa del insomnio ha sufrido una clara transformación, el sueño pesa menos y la vigilia gusta más.
Tampoco penséis que me ha sucedido algo estratosférico. A veces, con que una margarita diga "sí", el sol te caliente la piel o alguien te sonría, es suficiente. Más que suficiente.
Salgamos a disfrutar de la ciudad sin estrellas, dibujemos unas cuentas y dejemos que cuelguen de un cielo sin estrenar, que brillen con nosotros. Ya verás que bien les sienta un poco de luz a los que siguen en el invierno.
lunes, 13 de junio de 2011
Datos inservibles
Me olvidó rápido y no me sorprende. No puedes retener demasiado tiempo en tu memoria algo que estorba más que agrada. Me olvidó como el que olvida un paraguas en el cine, con descuido y sin importarle en absoluto. Nunca damos demasiado valor a lo sustituible, tal vez porque no lo tiene, pero está claro que yo lo era. Sustituible y, a su vez, sustituta.
Sustituía a alguien de quien nunca supe mucho y contra quien no quise competir. En parte, porque hay batallas que nunca podrán ganarse, sobre todo si el amor es el mediador; y, en parte, porque el final se conocía desde el principio. Fue mi decisión precipitarme del nudo al desenlace habiendo tenido la opción de quedarme en la introducción.
Me olvidó y no me duele. Si miro atrás, aún puedo verme en aquella calle, cargada de ingenuidad, con unos ojos que aún no habían conocido el desengaño, al borde del llanto, o de la muerte en vida, quién sabe, mirando a los suyos porque, para mi, no existía un sitio más agradable donde pasar el tiempo.
Hoy no recuerdo la mayoría de las cosas que él, cuando me habla con un café entre las manos, con esa misma confianza que siempre ha tenido en la adoración que hace años yo le profesaba, aún me cuenta de aquellos tiempos en los que habría hecho cualquier cosa porque se quedara conmigo, como tratando de adivinar si aún queda algún resto de aquella historia en mi. Pero, entonces, se da cuenta de que esos momentos de los que me habla se han perdido en algún lugar de mi memoria, e intenta recuperar todos los sentimientos que una vez tuve que guardar en una caja de seguridad para no perderlos, para que nadie pudiera volver a jugar con ellos, para volver a sacarlos cuando alguien los mereciera o cuando yo estuviera preparada para dejarlos expuestos al amor y volver a sentirme vulnerable sin miedo.
Pero ya no son suyos, no los consigue, y se enfada. Y, entonces, sonrío y le doy gracias al tiempo, que tan en nuestro lugar nos coloca a todos. Y trato de abrir la caja, es el momento de recuperar todo aquello que llevo tiempo sin sentir, pero no encuentro la llave.
Sustituía a alguien de quien nunca supe mucho y contra quien no quise competir. En parte, porque hay batallas que nunca podrán ganarse, sobre todo si el amor es el mediador; y, en parte, porque el final se conocía desde el principio. Fue mi decisión precipitarme del nudo al desenlace habiendo tenido la opción de quedarme en la introducción.
Me olvidó y no me duele. Si miro atrás, aún puedo verme en aquella calle, cargada de ingenuidad, con unos ojos que aún no habían conocido el desengaño, al borde del llanto, o de la muerte en vida, quién sabe, mirando a los suyos porque, para mi, no existía un sitio más agradable donde pasar el tiempo.
Hoy no recuerdo la mayoría de las cosas que él, cuando me habla con un café entre las manos, con esa misma confianza que siempre ha tenido en la adoración que hace años yo le profesaba, aún me cuenta de aquellos tiempos en los que habría hecho cualquier cosa porque se quedara conmigo, como tratando de adivinar si aún queda algún resto de aquella historia en mi. Pero, entonces, se da cuenta de que esos momentos de los que me habla se han perdido en algún lugar de mi memoria, e intenta recuperar todos los sentimientos que una vez tuve que guardar en una caja de seguridad para no perderlos, para que nadie pudiera volver a jugar con ellos, para volver a sacarlos cuando alguien los mereciera o cuando yo estuviera preparada para dejarlos expuestos al amor y volver a sentirme vulnerable sin miedo.
Pero ya no son suyos, no los consigue, y se enfada. Y, entonces, sonrío y le doy gracias al tiempo, que tan en nuestro lugar nos coloca a todos. Y trato de abrir la caja, es el momento de recuperar todo aquello que llevo tiempo sin sentir, pero no encuentro la llave.
viernes, 10 de junio de 2011
Confesiones
Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lentos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
más allá del muchacho obligado a la luna,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavía palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan mas serias nuestras fotografías,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.
-Luis García Montero-
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lentos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
más allá del muchacho obligado a la luna,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavía palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan mas serias nuestras fotografías,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.
-Luis García Montero-
jueves, 9 de junio de 2011
Momentos
Pensar en alto no suele ser la mejor opción. Puede resultar tranquilizador cuando estás en casa, ordenando papeles, regando las plantas, o sintonizando los canales de la tele. Te acompañas a ti mismo, te animas, te cabreas, insultas a los electrodomésticos...Son cosas que, quieras que no, desestresan. Pero hay lugares y momentos en los que la gente debería controlarse. Por suerte o por desgracia, les hay que no disponen de ese registro mental previo a decir lo primero que se les pasa por la cabeza. Y digo "por suerte o por desgracia" porque, ¿qué sería de nosotros sin esos momentos en los que alguien lanza una bomba comunicativa cuando no debería? Ese silencio, espeso, que se forma hasta que explota dicha bomba, unas veces en forma de carcajadas, otras en forma de bronca, siempre es incómodo. El problema viene cuando la bomba no explota y el silencio se alarga. Y el que ha soltado lo que le dictaba el subconsciente no deja de pensar "que alguien diga algo, por favor", y no llega a ocurrírsele que, tal vez, lo mejor sería que lo dijera él, porque el resto ya se ha quedado sin palabras.
A todos nos ha pasado. Está el típico caso de la mujer gorda a la que le preguntas de cuántos meses está, el de calentarse en una discusión y decir algo que no viene a cuento, el de declararse a un homosexual...Son cosas de las que te arrepientes. Ya no sólo después de decirlas. Muchas veces, mientras las dices, la intuición enciende una alarma, te dice que la estás cagando, que te calles cuanto antes, que aún estás a tiempo de quedar bien. Pero tú sigues, porque una extraña fuerza, que no se sabe muy bien de dónde sale, te impide frenar la verborrea.
Por fin, cuando sabes que todo está acabado, que has cruzado la línea y vas a pasar uno de los momentos más bochornosos de tu existencia, te metes las manos al bolsillo, desvías la mirada a cualquier otro lugar que no sea el rostro del que tienes en frente y esperas el chaparrón.
Hay que decir que el papel de la otra persona tampoco es fácil. El otro sabe que te has arrepentido de lo que acabas de decir y tiene que explicarte, en el primer caso que no está embarazada, en el tercero que es homosexual, intentando restar un poco de ridículo a tu situación, sintiéndose fatal por no poder restarlo.
Peores son los casos en los que hay una tercera persona presenciando el momento. Como esa persona no tenga pelos en la lengua, aprovechará cualquier momento serio para contárselo a quien sea. A tus amigos, a tu familia, incluso a gente que acabas de conocer. Siempre y cuando estés tú presente porque, si no, perdería la poca gracia que pueda tener.
Momentos incómodos que todos hemos vivido y que rezamos por no volver a vivir. Tendremos que empezar a contar hasta diez antes de hablar. Y, si diez no bastan, hasta que se nos quiten las ganas de vomitar, verbalmente hablando, lo que tantas cosquillas le hace a nuestra curiosidad.
A todos nos ha pasado. Está el típico caso de la mujer gorda a la que le preguntas de cuántos meses está, el de calentarse en una discusión y decir algo que no viene a cuento, el de declararse a un homosexual...Son cosas de las que te arrepientes. Ya no sólo después de decirlas. Muchas veces, mientras las dices, la intuición enciende una alarma, te dice que la estás cagando, que te calles cuanto antes, que aún estás a tiempo de quedar bien. Pero tú sigues, porque una extraña fuerza, que no se sabe muy bien de dónde sale, te impide frenar la verborrea.
Por fin, cuando sabes que todo está acabado, que has cruzado la línea y vas a pasar uno de los momentos más bochornosos de tu existencia, te metes las manos al bolsillo, desvías la mirada a cualquier otro lugar que no sea el rostro del que tienes en frente y esperas el chaparrón.
Hay que decir que el papel de la otra persona tampoco es fácil. El otro sabe que te has arrepentido de lo que acabas de decir y tiene que explicarte, en el primer caso que no está embarazada, en el tercero que es homosexual, intentando restar un poco de ridículo a tu situación, sintiéndose fatal por no poder restarlo.
Peores son los casos en los que hay una tercera persona presenciando el momento. Como esa persona no tenga pelos en la lengua, aprovechará cualquier momento serio para contárselo a quien sea. A tus amigos, a tu familia, incluso a gente que acabas de conocer. Siempre y cuando estés tú presente porque, si no, perdería la poca gracia que pueda tener.
Momentos incómodos que todos hemos vivido y que rezamos por no volver a vivir. Tendremos que empezar a contar hasta diez antes de hablar. Y, si diez no bastan, hasta que se nos quiten las ganas de vomitar, verbalmente hablando, lo que tantas cosquillas le hace a nuestra curiosidad.
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