martes, 20 de diciembre de 2011
Memorias de África
Conozco una canción de África, que habla de la jirafa y de la luna nueva africana descansando sobre su lomo, de los surcos en los campos de cultivo y de las caras sudorosas de los recolectores de café. ¿Acaso conoce África una canción que hable de mí? ¿Se agitará el aire sobre la llanura con un color que yo he llevado? ¿O tal vez los niños inventarán un juego en el cual figure mi nombre? ¿Formará la luna llena una sombra sobre la grava del camino que se parezca a mí? ¿O tal vez me buscarán las águilas de las Colinas de Ngong?
domingo, 18 de diciembre de 2011
(R)evolución
Poco importa caer donde ya se ha caído cuando se sabe cómo salir. No duele, a penas deja rastro, no me asusta ni me hace más feliz. Es caer por haber olvidado cómo volar, es tener la piel magullada y no darse cuenta ni de que hay un charco de sangre en el suelo.
Ya no pienso en ti cuando estoy sola y las paredes me hablan , ya no eres distinto, te veo tan común como el resto de personas que se creen diferentes.
Tarde o temprano, descubres otro río en el que dejarte llevar, más largo y caudaloso. Y no es mejor ni peor, es cuestión de seguir, de avanzar, de darse cuenta de que lo que ayer me parecía irreemplazable hoy se me antoja de lo más prescindible, y aceptarlo.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Serendipia
Lo que callo, lo que no digo para que no sepas, o para no escucharlo yo, porque suficientemente difícil es ya saber algo que desearías no tener dentro como para tener que escucharlo, todo eso, tengo que almacenarlo en alguna parte para que no duela. A veces, lo dejo aquí. Otras, lo convierto en música.
And then I looked up at the sun and I could see
Oh, the way that gravity turns for you and me
And then I looked up at the sky and saw the sun
and the way that gravity pulls on everyone, on everyone...
And then I looked up at the sun and I could see
Oh, the way that gravity turns for you and me
And then I looked up at the sky and saw the sun
and the way that gravity pulls on everyone, on everyone...
viernes, 16 de diciembre de 2011
Condicional
Podríamos haber llegado a querernos sin mares de por medio, haber sucumbido a la locura de dejarse arrastrar por la casualidad y haber entrado en una dimensión en la que no existiesen ni el tiempo ni la distancia.
Podríamos haber pasado más minutos mirándonos las caras, cogiéndonos las manos y arañándonos la espalda que tragándonos palabras, dejando al frío entrar y congelar la proeza de ser un poco más valientes.
Deberíamos haber roto el segundero, habernos aferrado a las noches alumbradas con velas y bocas de metro a punto de cerrar.
Si hubiésemos estrenado el cuaderno en blanco que tanto polvo guarda, si sus páginas se hubiesen llenado de alguno de los sentimientos que ni tan siquiera hoy sabemos que guardamos, tal vez hubiésemos llegado a paladear la libertad.
Pero, aún así, habríamos tenido poco tiempo para todo porque, en realidad, siempre quedará muy poco tiempo para todo.
Podríamos haber pasado más minutos mirándonos las caras, cogiéndonos las manos y arañándonos la espalda que tragándonos palabras, dejando al frío entrar y congelar la proeza de ser un poco más valientes.
Deberíamos haber roto el segundero, habernos aferrado a las noches alumbradas con velas y bocas de metro a punto de cerrar.
Si hubiésemos estrenado el cuaderno en blanco que tanto polvo guarda, si sus páginas se hubiesen llenado de alguno de los sentimientos que ni tan siquiera hoy sabemos que guardamos, tal vez hubiésemos llegado a paladear la libertad.
Pero, aún así, habríamos tenido poco tiempo para todo porque, en realidad, siempre quedará muy poco tiempo para todo.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Extrema pobreza
Intentar cambiar nuestra situación es como meter los pies en el barro y dejarse hundir. He llegado a la conclusión de que no serás tú quien me tienda la mano para salir del pozo de lodo del que intento rescatar los recuerdos más limpios.
El problema es que empezamos decepcionándonos y lo que mal empieza no termina mejor. Desde entonces, nos hemos preocupado más de tensar la cuerda que de usarla como guía para estar más cerca. Al parecer, te has cansado de agarrar y has terminado cortándola, dejando para mi el cabo más largo, así que creo que tirarla en el suelo y marcharme es lo mejor que puedo hacer, ¿para qué almacenar lo que ya no sirve? Tal vez alguien la encuentre y pueda darle el uso que nosotros no le supimos dar. Tal vez le ofrezca un extremo a alguien que sepa enrollarsela a la cintura para acercarse a quien, en teoría, ama.
Pero hablarte de amor es como meter los pies en el barro y dejarse hundir.
El problema es que empezamos decepcionándonos y lo que mal empieza no termina mejor. Desde entonces, nos hemos preocupado más de tensar la cuerda que de usarla como guía para estar más cerca. Al parecer, te has cansado de agarrar y has terminado cortándola, dejando para mi el cabo más largo, así que creo que tirarla en el suelo y marcharme es lo mejor que puedo hacer, ¿para qué almacenar lo que ya no sirve? Tal vez alguien la encuentre y pueda darle el uso que nosotros no le supimos dar. Tal vez le ofrezca un extremo a alguien que sepa enrollarsela a la cintura para acercarse a quien, en teoría, ama.
Pero hablarte de amor es como meter los pies en el barro y dejarse hundir.
martes, 22 de noviembre de 2011
De floretes y escaleras
Vuelves a cambiarme los esquemas, las noches por los días, los llantos por sonrisas.
Vuelves, como siempre que hace frío, con tu acento irremediable, con abrazos en el aire, con tu pelo liso y raro, con el mate y alfajores, con palabros y estaciones. Vuelves y sigo sin saber corresponder al que ya no es tan extraño, a quien, valiente, saltó del tren para adivinar un nombre y más de una rareza.
Sin embargo, no te vas mañana ni pasado, dices que te quedas para seguir soñando con esta efímera, pasajera y española vida, que tan lejos queda de una realidad demasiado reflejada en el río de la Plata.
Vuelves, como siempre que hace frío, con tu acento irremediable, con abrazos en el aire, con tu pelo liso y raro, con el mate y alfajores, con palabros y estaciones. Vuelves y sigo sin saber corresponder al que ya no es tan extraño, a quien, valiente, saltó del tren para adivinar un nombre y más de una rareza.
Sin embargo, no te vas mañana ni pasado, dices que te quedas para seguir soñando con esta efímera, pasajera y española vida, que tan lejos queda de una realidad demasiado reflejada en el río de la Plata.
lunes, 7 de noviembre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
Basura especial
El frío ha traído consigo recuerdos que me cuentan todas las cosas que hice mal y que ya no puedo arreglar.
Sigue resultándome curioso eso de echar de menos lo que, en su día, eché de más. Hoy han venido a mi cabeza aquellas noches de bufanda y gorro, de luces en la calle y panderetas en los portales, y empiezo a pensar que tal vez todo aquello que vivimos fuera la verdadera felicidad. Puede que el problema tan sólo resida en mi afición a vivir en el pasado, tal vez deba empezar a ser más valiente y tú menos orgulloso (y viceversa).
Pero ahora eso ya da igual, un recuerdo nunca dejará de ser un vestigio de la realidad que, aún no se en qué momento, dejamos atrás. Las luces se han fundido, yo no me atrevo a guardar la ropa de verano y el sapo se ha declarado en huelga de besos cansado de ser príncipe para una princesa irreal.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Rebeca Jiménez
Desajuste y huelga de dolor,
desajuste y horas sin tu amor
y este silencio que me va a matar.
Te echo de menos y no se qué hacer
te echo de menos y no se
si cuando cierras los ojos piensas en mi,
sólo en mi.
Salto al vacío, desastre total,
la cuerda floja empieza a tambalear,
si yo me tiro tú irás detrás,
hay cosas que no puedes controlar.
Hoy Madrid despierta otra vez
cada día vuelve a amanecer,
yo lo veo todo mejor aquí...
desajuste y horas sin tu amor
y este silencio que me va a matar.
Te echo de menos y no se qué hacer
te echo de menos y no se
si cuando cierras los ojos piensas en mi,
sólo en mi.
Salto al vacío, desastre total,
la cuerda floja empieza a tambalear,
si yo me tiro tú irás detrás,
hay cosas que no puedes controlar.
Hoy Madrid despierta otra vez
cada día vuelve a amanecer,
yo lo veo todo mejor aquí...
viernes, 7 de octubre de 2011
By plane
martes, 4 de octubre de 2011
Cambio
Te estaré esperando donde siempre, sentada con las manos pilladas bajo las piernas, con la esperanza rozando tus labios, sabiendo que no vas a pasar por allí, que no has vuelto a pasar. Al caer el sol, llegará el frío y tal vez pase algún perro callejero o un niño buscando su balón.
Miraré los aviones y recordaré los viajes que no hicimos, las promesas que incumplimos, los abrazos que el aire recogió cuando el tiempo dictaminó poner tierra de por medio entre una historia con más olor a rancio que a nuevo y un futuro más vivo que el presente.
Llevaré el cuaderno que me regalaste y arrancaré, una por una, sus hojas, escritas con las verdades que nunca llegarás a leer porque jamás quisiste saber nada de las noches que pasé en la puerta de tu casa esperando un cambio. Un cambio que no sucedería en ese decrépito portal, sino en cualquier parte en la que no estuvieras tú, con una persona capaz de sonreír a mi tristeza y devolverme los abrazos que el aire me robó. Pero yo no lo sabía.
Recordaré la navidad de las luces y los besos robados, la de la mentira cogiendo mi mano, la misma del bosque de luna y sol.
Antes de irme, creeré verte entre las sombras que dibuje mi imaginación, pero no acudiré a nuestro ficticio encuentro porque habré estado esperándote por costumbre, como por costumbre te quería y, como por costumbre, te olvidé.
Miraré los aviones y recordaré los viajes que no hicimos, las promesas que incumplimos, los abrazos que el aire recogió cuando el tiempo dictaminó poner tierra de por medio entre una historia con más olor a rancio que a nuevo y un futuro más vivo que el presente.
Llevaré el cuaderno que me regalaste y arrancaré, una por una, sus hojas, escritas con las verdades que nunca llegarás a leer porque jamás quisiste saber nada de las noches que pasé en la puerta de tu casa esperando un cambio. Un cambio que no sucedería en ese decrépito portal, sino en cualquier parte en la que no estuvieras tú, con una persona capaz de sonreír a mi tristeza y devolverme los abrazos que el aire me robó. Pero yo no lo sabía.
Recordaré la navidad de las luces y los besos robados, la de la mentira cogiendo mi mano, la misma del bosque de luna y sol.
Antes de irme, creeré verte entre las sombras que dibuje mi imaginación, pero no acudiré a nuestro ficticio encuentro porque habré estado esperándote por costumbre, como por costumbre te quería y, como por costumbre, te olvidé.
domingo, 2 de octubre de 2011
More than this
More than this, there is nothing
more than this, tell me one thing
more than this, there's nothing...
martes, 27 de septiembre de 2011
Como otro cualquiera
Caminaba sin zapatos. Algunos le miraban con lástima, pero esquivar los cristales siempre le había resultado más divertido que pisarlos teniendo la seguridad de que no se le iban a clavar en la planta de los pies.
Perseguía sueños, coloreaban sus mejillas de un rojo y frío diciembre. Corría tras ellos descalzo y contento, confiando en su capacidad para cazarlos. Un día atrapó uno y se deshizo en sus manos. Comprendió, así, que los sueños que antes se cumplen son los que se pierden primero.
Bailaba con las sombras, a veces conocidas, otras anónimas transeúntes de aceras y hierba, de aguas y arena. Nunca se atrevió a decirle a nadie que las que más le gustaban eran las que llevaban flores en el pelo y dejaban mecer su melena al viento.
Hablaba con niños y viejos, se enfadaba con la gente que intentaba regalarle chanclas, playeras o mocasines y creó una pantalla a su alrededor que no dejaba pasar las voces de los que le llamaban loco.
Dibujaba estrellas, de todos los tamaños y colores, en paredes y en papel. Poseía su brillo y no sospechaba ser una de ellas, pero todos lo sabían, lo que generó decenas de envidias tumorales, la felicidad ajena es algo que a pocos logra contentar y aún a menos consigue contagiar.
No tenía dinero, se había gastado hasta la última moneda viviendo de nube en nube, y todo lo que llegó a robar fueron helados de pistacho.
Adoraba disfrazarse, algunos días de infeliz, otros de cobarde, a veces de persona normal. Con poco atavío pero con mucha expresión. Tenía una boina que se colocaba del revés cuando quería burlarse de los muertos de oficina, unas gafas con medio cristal y un collar de caracolas. Tenía tu edad o la mía, pero otras rutinas.
Siempre sonreía. (...)
Perseguía sueños, coloreaban sus mejillas de un rojo y frío diciembre. Corría tras ellos descalzo y contento, confiando en su capacidad para cazarlos. Un día atrapó uno y se deshizo en sus manos. Comprendió, así, que los sueños que antes se cumplen son los que se pierden primero.
Bailaba con las sombras, a veces conocidas, otras anónimas transeúntes de aceras y hierba, de aguas y arena. Nunca se atrevió a decirle a nadie que las que más le gustaban eran las que llevaban flores en el pelo y dejaban mecer su melena al viento.
Hablaba con niños y viejos, se enfadaba con la gente que intentaba regalarle chanclas, playeras o mocasines y creó una pantalla a su alrededor que no dejaba pasar las voces de los que le llamaban loco.
Dibujaba estrellas, de todos los tamaños y colores, en paredes y en papel. Poseía su brillo y no sospechaba ser una de ellas, pero todos lo sabían, lo que generó decenas de envidias tumorales, la felicidad ajena es algo que a pocos logra contentar y aún a menos consigue contagiar.
No tenía dinero, se había gastado hasta la última moneda viviendo de nube en nube, y todo lo que llegó a robar fueron helados de pistacho.
Adoraba disfrazarse, algunos días de infeliz, otros de cobarde, a veces de persona normal. Con poco atavío pero con mucha expresión. Tenía una boina que se colocaba del revés cuando quería burlarse de los muertos de oficina, unas gafas con medio cristal y un collar de caracolas. Tenía tu edad o la mía, pero otras rutinas.
Siempre sonreía. (...)
lunes, 26 de septiembre de 2011
Probabilidad
Siempre quisiste vivir en un mundo en el que todo fuera posible pero, aunque sabías que nada era imposible, no tuviste en cuenta que todo era improbable y me cansé de verte queriendo lo que no debe quererse por no ser querido el momento en el que deben quererse ciertas cosas. Habría sido mejor querer lo que tenías que querer, unas manos que no fuesen a soltar las tuyas en pleno vuelo, mirar sin miedo, besar con rabia, reír con ganas, dejarte sorprender, asumir ciertos riesgos, abandonar la manía de mezclar la ropa blanca con la de color y empezar a sincerarte contigo misma.
Sin embargo, no lo hiciste, no lo haces y, algún día, cuando todo haya pasado, te darás cuenta de que la espera no sirvió de nada y que el calor que esperabas a penas fue una ilusión del frío que recibiste.
A nadie le gusta dormir con su enemigo, a no ser que esté dispuesto a sufrir, pero quién te va a advertir a ti, que llevas años mezclando sentimiento y apatía, de que compartes lecho con el mismo diablo. Nadie es quien dice ser, ni llega a ser lo que cree ser.
Ese día, te odiarás por haber malgastado el amor que ahora ilumina tus ojos cuando te rozan otras manos, pero sentirás alivio. Alivio por haber dejado atrás unos días que hoy te parecen muros inquebrantables, alivio por mirar atrás sin fingir las sonrisas.
Algún día usarás la comprensión como arma blanca y me herirás de gravedad.
Sin embargo, no lo hiciste, no lo haces y, algún día, cuando todo haya pasado, te darás cuenta de que la espera no sirvió de nada y que el calor que esperabas a penas fue una ilusión del frío que recibiste.
A nadie le gusta dormir con su enemigo, a no ser que esté dispuesto a sufrir, pero quién te va a advertir a ti, que llevas años mezclando sentimiento y apatía, de que compartes lecho con el mismo diablo. Nadie es quien dice ser, ni llega a ser lo que cree ser.
Ese día, te odiarás por haber malgastado el amor que ahora ilumina tus ojos cuando te rozan otras manos, pero sentirás alivio. Alivio por haber dejado atrás unos días que hoy te parecen muros inquebrantables, alivio por mirar atrás sin fingir las sonrisas.
Algún día usarás la comprensión como arma blanca y me herirás de gravedad.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Pétalo de sal

Furioso pétalo de sal
la misma calle, el mismo bar,
nada te importa en la ciudad si nadie espera.
Ella se vuelva carmesí
no se si es Baires o Madrid,
nada te importa en la ciudad si nadie espera.
Y no es tan trágico mi amor,
es este sueño, es este sol,
que ayer pareció tan extraño,
o al menos tus labios.
Yo te entiendo bien,
es como hablarle a la pared
y tú podrías darme fé.
-Fito Páez-
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Las cosas por su nombre
Deberías empezar a pensar que, tal vez, lo que está ocurriendo no es que estén acudiendo todas las cosas malas a tu absurda y prescindible existencia, sino que eres el origen del mal. Has sido tan salvaje con la gente que ahora nadie quiere devolverte ni una de las cosas que no llegaste a hacer por no perder el culo de un trono de papel.
En el fondo lo sabes, te creaste un séquito de enemigos que aplaudían tus rabietas mientras pensaban lo bien que te quedaría una puntilla en la nuca, pero tú siempre altiva, no fueras a pensar que no eras ni menos ni más que nadie.
Ahora sangras por la espalda y te sientes cansada, pero no vas a volver la cabeza para mirar atrás, no sea que veas venir las cuchilladas.
Deberías aprender a llorar y empezar a lamer sus pies, no merecen menos.
Deberías saber que lo típico no gusta y que tú eres muy vulgar.
En el fondo lo sabes, te creaste un séquito de enemigos que aplaudían tus rabietas mientras pensaban lo bien que te quedaría una puntilla en la nuca, pero tú siempre altiva, no fueras a pensar que no eras ni menos ni más que nadie.
Ahora sangras por la espalda y te sientes cansada, pero no vas a volver la cabeza para mirar atrás, no sea que veas venir las cuchilladas.
Deberías aprender a llorar y empezar a lamer sus pies, no merecen menos.
Deberías saber que lo típico no gusta y que tú eres muy vulgar.
martes, 20 de septiembre de 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
Ahora veo la luna

Recuerdo haber sobrevolado tu tejado, haber pisado el aire que algún día respiramos, haber hablado con los gatos, haber hecho pedazos el cristal de tu ventana, haber quemado la cama, la piel y algún que otro sueño.
Recuerdo tus manos de piedra queriendo moverse y mis labios de hielo dejando resbalar lo que nunca llegué a decir. La ropa en la silla, la música sonando desde el salón, tu cartera en la mesa, mi amor en el suelo.
He olvidado alguna mañana, lo peor de lo malo y lo mejor de lo bueno, pero he guardado lo que ya no duele. Estaciones, reencuentros, despedidas sin besos. Consuelo e ilusión a partes iguales, relojes sin pila que no contaban las horas que quedaban para cogerte la mano, un par de películas sin terminar, tu olor en la habitación.
Te dejo el deseo no deseado, las noches con mi oculta sombra y los besos sin ganas. Los clavos oxidados del cajón, las excusas que arruinan los días y la mirada al pasado.
martes, 6 de septiembre de 2011
En saco roto
Hay cierto tipo de personas a las que voy metiendo en un saco. Llevo unos cuantos años haciéndolo y es posible que algún día termine por llenarse. Cuando eso suceda, lo anudaré bien y lo tiraré al primer río que vea. Está claro que, para cada uno de nosotros, ese tipo de personas tiene diferentes cualidades. A mi saco, entre muchos otros, han ido cayendo horteras, vanidosos, cobardes, hipócritas, todos aquellos que se dejan llevar por río social en el que algunos intentamos nadar a contracorriente, y los retorcidos que inventan más que hablan. Aunque seguramente ellos no piensen lo mismo y, si tuvieran un saco, se irían deshaciendo de los que encajan en mi definición de buena gente.
Todo es relativo, y que a mi me parezca estupendo que quieras pintar conmigo las paredes de mi casa mientras me dejes elegir el color, no quiere decir que tú no puedas preferir que yo lleve el color a la tuya y pintemos con tus rodillos.
Pero vamos a dejarnos de rollos metafóricos, esto viene a que si tú fueras un poco menos gilipollas es muy posible que no estuvieses metido en el saco del que vengo hablando. Si no te hubieras dejado llevar por la ira del momento, si no hubieras pateado más de un mueble y más de dos, si no hubieses tenido ciertas alucinaciones visuales y auditivas, estoy completamente segura de que seguiríamos bebiendo cervezas y compartiendo libros, inventando frases y matando días. Pero saliste rana y resultaste ser uno de los desequilibrados mentales más histriónico que he conocido. Mira que te dije que perder el equilibrio, de vez en cuando, no viene mal pero, como en toda balanza, cuando el que vence es el lado malo, terminas por caer al saco.
Es una lástima que esté tan lleno y no pueda rescatarte. Es tanta gente la que hay ahí dentro que me aterra la idea meter el brazo y terminar mintiendo a gritos que me han arrastrado, por error, hasta allí.
Todo es relativo, y que a mi me parezca estupendo que quieras pintar conmigo las paredes de mi casa mientras me dejes elegir el color, no quiere decir que tú no puedas preferir que yo lleve el color a la tuya y pintemos con tus rodillos.
Pero vamos a dejarnos de rollos metafóricos, esto viene a que si tú fueras un poco menos gilipollas es muy posible que no estuvieses metido en el saco del que vengo hablando. Si no te hubieras dejado llevar por la ira del momento, si no hubieras pateado más de un mueble y más de dos, si no hubieses tenido ciertas alucinaciones visuales y auditivas, estoy completamente segura de que seguiríamos bebiendo cervezas y compartiendo libros, inventando frases y matando días. Pero saliste rana y resultaste ser uno de los desequilibrados mentales más histriónico que he conocido. Mira que te dije que perder el equilibrio, de vez en cuando, no viene mal pero, como en toda balanza, cuando el que vence es el lado malo, terminas por caer al saco.
Es una lástima que esté tan lleno y no pueda rescatarte. Es tanta gente la que hay ahí dentro que me aterra la idea meter el brazo y terminar mintiendo a gritos que me han arrastrado, por error, hasta allí.
lunes, 29 de agosto de 2011
Puedes
Poco queda de ese todo que maquillo la primavera con colores vivos, poco de tus ojos deslumbrando la oscuridad más absoluta, de sus manos en tu espalda, de esa falda alegre y fina.
Va siendo momento de subrayar los errores con tinta invisible, sonreír tan sólo cuando te apetezca, y empezar a transformar el "quiero" en "puedo" y , este, en "tengo".
La dulzura de sus labios escondía el peor de los venenos, el liberado por un amor poco deseado y peor correspondido. No existe manera más torpe de afrontar un sentimiento que intentar deshacerse de él, y tú quisiste esconderlo por no admitir que te ardía dentro.
La mañana fresca, una taza de café entre sus manos, la espuma bañando su labio superior, los rayos del sol iluminando aquellos mechones castaños...son detalles que, para bien o para mal, siempre ocuparán algún lugar de tu memoria.
Pero déjame que te cuente algo de lo que, tal vez, no seas consciente. No quiero que lo olvides nunca, lo difícil no es levantarte cuando caes, sino tener el valor de agarrar la mano que te tienden cuando las heridas son graves. Aquí tienes la mía, puedes agarrarla cuando quieras. Y, si no estás preparada, no pasa nada, me sentaré a tu lado y esperaremos juntas a que dejes de sangrar.
Va siendo momento de subrayar los errores con tinta invisible, sonreír tan sólo cuando te apetezca, y empezar a transformar el "quiero" en "puedo" y , este, en "tengo".
La dulzura de sus labios escondía el peor de los venenos, el liberado por un amor poco deseado y peor correspondido. No existe manera más torpe de afrontar un sentimiento que intentar deshacerse de él, y tú quisiste esconderlo por no admitir que te ardía dentro.
La mañana fresca, una taza de café entre sus manos, la espuma bañando su labio superior, los rayos del sol iluminando aquellos mechones castaños...son detalles que, para bien o para mal, siempre ocuparán algún lugar de tu memoria.
Pero déjame que te cuente algo de lo que, tal vez, no seas consciente. No quiero que lo olvides nunca, lo difícil no es levantarte cuando caes, sino tener el valor de agarrar la mano que te tienden cuando las heridas son graves. Aquí tienes la mía, puedes agarrarla cuando quieras. Y, si no estás preparada, no pasa nada, me sentaré a tu lado y esperaremos juntas a que dejes de sangrar.
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